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¡Volvemos a Blogger!

Hola, rubias. Pues sí, Las rubias también leen vuelve a Blogger, su origen (hace ya unos añitos). Manteniendo su esencia, eso sí. Así que, (1) si te gustan los libros y (2) te gusta leer reseñas u opiniones sobre libros, aquí tienes las mías. Besos (muchos), rubias.

La guitarra azul

Hay libros que animan a debatir porque plantean temas universales o situaciones comunes de un modo tal que resulta casi imposible superar la barrera del lector distante y no opinar y tomar partido por un personaje o una idea. Quiero pensar que los buenos libros son así. Y así, como un buen libro, se merece ser calificada La guitarra azul, la última novela de John Banville.
John Banville es un escritor irlandés nacido en 1945, con una trayectoria literaria extensa que se remonta a 1970. En España la primera parte de su obra (por poner un punto divisorio, digamos que hasta poco antes del cambio de siglo) pasó más o menos desapercibida, por comparación con sus obras más recientes. Entre estas últimas se incluirían las ocho novelas negras firmadas con el pseudónimo de Benjamin Black, un alter ego que, según el propio Banville ha confesado, le da más libertad a la hora de escribir. Curioso, ¿verdad?
Banville (de quien no había leído nada hasta ahora y a quien a veces confundía con Julian Barnes, ya me vale; cosas de compartir iniciales) es un autor de enorme éxito entre la crítica y muy premiado. Centrándonos en los premios, toma nota. En 1989, fue finalista del premio Booker, uno de los más reputados en lengua inglesa (merece la pena echar un vistazo a la lista de nombres premiados desde 1969, incluyendo a varios premios Nobel) con El libro de las pruebas. En 2005, con El mar, se quitaría la espinita y ganaría el Booker. En 2011, recibe el prestigioso premio Franz Kafka, un premio más joven pero que ya ha coincidido en varias ocasiones con el Nobel. Casualidades de la vida, en 2015 este premio fue a parar al sin par Eduardo Mendoza. A la colección de premios de Banville se suma en 2013 otro galardón muy relevante: el Premio Austriaco de Literatura Europea, que también tiene una lista de premiados de quitar el hipo. Por si te parece poco, en 2014, Banville recibió un premio muy conocido en nuestro país, el Príncipe de Asturias de las Letras, que tampoco se queda corto en cuando a renombre de premiados. Vamos, que no te extrañará nada que Banville, además de haberse hecho de oro con tantos premios, suene, y mucho, en las quinielas para el Nobel de Literatura.

Pues bien, si dice el refrán que cuando el río suena, agua lleva, con Banville esto se cumple al dedillo. A juzgar por La guitarra azul, tantos premios están justificados porque, simple y llanamente, estamos ante un libro de los buenos.


La guitarra azul, editada por Alfaguara a principios de 2016, es un libro que mejora a medida que lo lees y vas viendo la historia en su conjunto; de esos libros que dejan una sensación todavía mejor cuando lo acabas y, por fin, lo contemplas en su totalidad. No es que no se disfrute mientras lo lees, pero sí que gana fuerza a medida que vas teniendo una visión mayor de toda la historia y se te van revelando algunas cosas. Es más, la primera parte la novela puede resultar un poco caótica y dar la sensación de desorganizada (la narración del protagonista contribuye mucho a esa sensación) pero, a partir del centenar de páginas, ya se comienza a ver clara la unidad de la novela.
La historia que nos cuenta Banville en La guitarra azul no es, en principio, novedosa o revolucionaria. Oliver Orme es un pintor de cierta edad al que su musa creativa parece haber abandonado y que se considera a sí mismo ya retirado. Además, es un ladrón. Él es protagonista que narra en primera persona su relación con su mujer, con su amigo Marcus y con Polly, su amante (ohhhh, sorpresa, la mujer de Marcus). Además, se desvelarán algunos hechos del pasado que explicarán en gran medida la situación de partida de la novela y su evolución. De la trama, en sentido estricto, cabe destacar que está muy bien tratada pero, posiblemente por lo manida, tampoco da mucho más de sí. Lo interesante, en mi opinión, es lo que está detrás: la percepción singular de las situaciones que tiene Oliver, en las que se aprecian sus manías, sus carencias, su ego.
Ahí, en este segundo registro, es donde Banville brilla. Con una prosa sencilla y directa, con recurrencias, y adornada con una adjetivación maravillosa y una utilización de los signos de puntuación envidiable (parte del mérito se lo atribuiremos a la traductora, Nuria Barrios), se atreve a adentrarse en el terreno pantanoso de fenómenos como el amor (y el deseo), la amistad, los celos, la traición, la soledad o la creación artística. Casi nada; pero la mirada crítica y ácida, siempre mediada por Oliver (quién mejor que un pintor para mirar), sale muy airosa y deja al lector cuestionándose la actitud de los personajes en sus relaciones.
Porque la La guitarra azul es una novela de relaciones humanas y de sentimientos. Y entre esos sentimientos, aviso, la tristeza es uno de los más acusados. En buena medida porque la historia nos lleva a Irlanda, con su tiempo casi siempre frío y lluvioso (algunas horas soleadas logran colarse en el libro), un rasgo que marca a unos personajes muchas veces incomprendidos con historias difíciles y esencialmente tristes. Sin duda, en un primera lectura, La guitarra azul no es una novela alegra, sino más bien algo áspera.
La guitarra azul no es de lectura difícil pero sí incómoda. Es literatura de la buena. De la que se presta al debate y a los comentarios porque trata de personas y relaciones entre personas. Así que, rubia, ya sabes, si ya la has leído o te animas a hacerlo (y merece mucho la pena), espero contar con tus comentarios sobre este libro, así como cualquier recomendación sobre John Banville.